Jeromito es un personaje de ficción de cuya paternidad me acuso. Nació en un breve y distendido relato que publicó ABC de Sevilla el día 25 de julio del 2007, bajo el título “Y Jeromito tenía razón”.Para la inmensa mayoría de lectores que no le conocieron, me van ustedes a permitir que haga una brevísima sinopsis del personaje por si entrara en sus cálculos adoptarlo como candidato.
Era un humilde y honrado pelantrín de un pueblo andaluz, cuya conversación era docta solamente a la hora de hablar de sembrados, yuntas, carretas y cosechas. Pero en el Café Central, a la hora del mañanero café y anís, estaba de oyente. Nadie le hacia caso ni preguntaba su opinión. Principalmente porque no invitaba nunca a los numerosos gorrones que allí se concentraban a esa hora.
En esto, una herencia sobrevenida cambió su suerte de tal forma que se volvió generoso a la hora de invitar y, consecuentemente, empezó a tener una audiencia inusitada de halagadores que, a base de “tienes más razón que un santo”, “lo que dices es el evangelio”, “la pura verdad”, etc..., subió en Jeromito el termómetro de la autoestima hasta límites insospechados unos años atrás. Llegó a creer, sinceramente, que en el pueblo él creaba escuela, sentaba cátedra.
Un buen día, filosofando entre su parroquia, se dejó caer, lentamente, casi deletreando las palabras, como quien cuenta monedas, con lo siguiente: ”ahora me he dado cuenta, yo, que el sentido común lo da el dinero”.
Sus parroquianos, pasados unos segundos de pasmo y confusión, exclamaron casi al unísono: ¡“Qué carajo, una vez más Jeromito tiene razón”!
Bueno, pues ya tenemos el perfil del candidato. ¿Qué cómo se me ha ocurrido promocionarlo para Presidente del gobierno? Pues está bien claro: ¡Qué no haría un padre, aunque sea putativo, por un hijo!
Además, es evidente y notorio que, aunque solemos decir con el sentir popular que a la ocasión la pintan calva, ésta es pintiparada y casa perfectamente con el momento político que vive España. Resulta que, según recientes encuestas nacionales, casi el 80% de los españoles no están conformes con los actuales líderes políticos.
Y aquí aparece mi candidato, Jeromito; la oportunidad está servida: un hombre del pueblo llano para servir al pueblo. ¡Ahora se van a enterar nuestros actuales líderes de lo que es, verdaderamente, hacer populismo!
¿Y con qué ideología se identificará nuestro candidato? Eso le da igual, supongo que con la que usan todos, un cóctel muy complejo en el que sus componentes se neutralizan unos a otros y que los partidos, frívolamente, adoptan y les da su nombre que es como hacer varios apriscos con las mismas ovejas. Y digo esto, porque conozco muy bien a Jeromito, es natural. En cierta ocasión le oí decir que “a la gente le da igual que les muerda un perro o una perra, lo que verdaderamente quieren es que no les muerdan los perros”.
En otra ocasión, dialogando con él acerca de las ideologías, me interrumpió: “¡¿ideologías, bah, que paparruchas?! ¡¿Es que para gobernar bien a un pueblo no son suficientes las ideas?! Sospecho que muchísimos españoles, más de tropecientos mil, van a estar de acuerdo con Jeromito.
Claro que también le saldrán al paso enemigos serios, de lo cual en principio hay que congratularse en pos de su notoriedad. Evidentemente es un candidato muy atípico por estas latitudes: no tiene carrera universitaria ni tampoco, obviamente, ha ganado nunca una oposición de esas de relumbrón que dota a los políticos de una capacidad enorme para, a base de verborrea, manipular a los pueblos y mentirles sin que se les mueva un músculo de la cara.
Jeromito, es cierto, carece enteramente de estas habilidades, qué le vamos a hacer. Habilidades que, probablemente, sean necesarias para ser un político encumbrado. Pero no, Jeromito, un honrado pelantrín pegado a la tierra desde siempre, puesto en esa tesitura se sonrojaría hasta el tuétano, se pondría como un tomate y se le caería la cara de vergüenza.
Porque Jeromito en lo único que cree a pie juntillas, y es su única arma junto a la verdad, es en el sentido común. Algunos pensarán que eso es muy poco equipaje para un candidato, pero yo creo, firmemente, que el sentido común es el hacha con el que tenemos que desmochar severamente esa maraña de ideologías sectarias que nos rodea. Solamente desbrozando esa tupida y asfixiante selva podremos avanzar con garantías hacia el futuro.
¿Por cuántas universidades ha pasado Lula Da Silva? Por ninguna o, mejor dicho, únicamente por la de la vida, en la que fue aprendiendo a evolucionar individualmente hasta conseguir un importante bagaje de sentido común con el que enfrentarse a los grandes problemas de un gran país que él consiguió echarse a las espaldas.
Nosotros ya tenemos un gran país, solamente nos falta un Lula cargado de sentido común – nuestra gran carencia- capaz de convocar a su alrededor a todas las instancias. ¿Y por qué razón no podría llamarse Jeromito?
Creo que es tu hora, Jeromito. ¡”A por ellos joé”!
En pago de mi apoyo, solamente te pido una cosa: que cuando, con tus ojos nuevos y tu curiosidad intacta deambules por los países de la UE trates de averiguar y, si es posible, despejar una duda que hace tiempo me corroe: ¿Qué pasó con los grandes líderes europeos, acaso se extinguieron como los dinosaurios?
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